Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

jueves, 16 de enero de 2014

La Galería del Caos, 15: Esteban Gutiérrez Gómez:


Esteban Gutiérrez Gómez, por Ángel González González


EL ÚLTIMO MINUTO

Debía tener por entonces,
no sé,
4 o 5 años.
Caminaba de la mano de mi padre
por una acera estrecha y llena de gente.
Iba distraído, dejándome arrastrar,
hasta que miré hacia allí, y
vi a mi hermana en la otra acera
de la mano de mi madre.

Fue instintivo.
Me solté
y corrí
como un relámpago
hacia ella.

Permanece desde entonces,
perenne en mi recuerdo,
aquel pitido interminable
y aquellos faros de monstruo
que amenazaban con tragarme.

Luego mucho ruido,
gritos,
un jaleo terrible.
Y otra zona oscura
en la memoria.

En la siguiente imagen
que recuerdo
estamos en el metro,
mi hermana y yo
chupeteando aquellos palotes
que sabían a chocolate,
y que luego supe
transportaba aquel caminón.
El terror de mis padres en la mirada.

Eso fue lo que visitó mi mente.

Entonces comprendí por qué
aquella imagen no se había borrado del cerebro,
como se habían borrado el resto
de recuerdos de la infancia.

Había comprado la penicilina
en aquella farmacia.
Había dejado el coche al otro lado de la calle.
Mi hijo me esperaba dentro,
el cuerpo ardiendo y los ojos idos.

Crucé sin mirar,
y eso recordé
un instante después de que
aquel bramido me hiciese girar la cabeza
y viese venir el camión
otra vez por mí.

Eso,
que había vivido
32 años
de más.

Creo que sonreí.


Esteban Gutiérrez Gómez.


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