Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

miércoles, 1 de enero de 2014

La Galería del Caos, 1: Denise Duhamel:

Repasando mis archivos, como hago siempre que empieza un nuevo año, me encuentro con una especie de antología, La Galería del Caos, antología inédita que compuse a partir de unos lienzos de Ángel González González. La historia se remonta a finales del 2009 o principios del 2010. Ángel González González me envió, por correo electrónico, dos pinturas que había hecho a partir de una fotografía de Vicente Muñoz Álvarez y de una mía que había sacado, creo, de Internet. Entonces le dije que por qué no hacía una serie de pinturas, de retratos, de escritores conocidos nuestros. Lo hizo. Para cada pintura, yo seleccioné un poema o un texto del autor retratado. Más adelante, Ángel González González me envió por correo ordinario todos los lienzos de todos los autores que había pintado y me dijo, textualmente, que hiciera con ellos lo que considerara mejor. Mi idea era editar esta especie de antología de pintura y literatura y después, quizá, hacer una exposición con las pinturas y venderlas y el dinero, no sé, donarlo a algún sitio, a alguien que lo necesitase más que nosotros. Algo así. Finalmente, la idea se quedó en eso: en una idea. El libro tenía difícil edición, debido a que las ediciones en color se encarecen un huevo y parte del otro. Estuve mirando de editarlo en formato digital, pero la historia se fue retrasando y en eso se quedó: en una historia. Así que ahora he pensado que voy a darles salida a través de este blog. Espero que a los autores (que ni ellos mismos saben, creo, de esta historia) no les parezca mal. Pero si así fuera, solo tienen que decírmelo. En este primer post, el retrato de la poeta norteamericana Denise Duhamel, hecho, como digo, por Ángel González González, a partir de una fotografía que Denise me envió a mí cuando estuve trabajando en su poemario Afortunada de mí (Bartleby Editores, 2008), al que pertenece el poema seleccionado para la ocasión.


Denise Duhamel, por Ángel González González


LAVANDO EL PELO A MI PADRE

No se puede duchar a causa del cable del gotero, los puntos de la mano. Todo su cuerpo le duele, los hematomas en forma de riñón en uno de sus costados -inflamaciones del color de las ciruelas-, el agarrotamiento de brazos y piernas. Inclina su cabeza sobre la pila, compruebo la temperatura del agua y le rocío con la misma sustancia con la que aclaro los platos. Su pelo se oscurece, del blanco al gris. Me mojo la camiseta sin querer, por accidente. Le enjabono con fuerza porque sé que es la única manera de hacerle sentirse bien. Hubo un tiempo en que yo era lo suficientemente pequeña como para bañarme en esta pila de la cocina, como es natural ya no soy la misma, nuestras células, las que más resisten, solo viven diez años. Recuerdo un anillo de boda junto a la jabonera y la forma en que me arropaba con la toalla. Ahora su anillo está aplastado debido al siniestro y ya no se puede decir que sea un círculo precisamente. Hace unos días estaba revolviendo en el cesto, buscando sus llaves, seguro de que se encontraban allí enterradas, salpicándose con el agua que le di para beber de esta misma pila, buscando el engañoso extremo de la cama, ardiendo de fiebre por los estafilococos. Le seco con rapidez dado que su espalda empieza a sufrir calambres. Le hago sentarse y le froto la cabeza hasta dejarla lo más seca posible. El peine hace rayas donde yo solía practicar el alfabeto.


Denise Duhamel
Tradución de D. B y D. G


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