Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

viernes, 17 de enero de 2014

GB, 25: Jack Kerouac: Pic:


Pic, aunque en apariencia tiene poco que ver con el resto de novelas de Jack Kerouac, coincide con ellas en varios aspectos fundamentales: la carretera, el jazz y, sobre todo, en mi opinión: el asombro. El asombro con el que Kerouac escribe todas y cada una de sus historias, contagiando a sus lectores. Ese asombro representado aquí en un chico negro de viaje con su hermano hacia la gran ciudad. El asombro ante todo lo que ve. El asombro que le generan el paisaje y sus gentes. Ese asombro que suele ser característico de los niños y que tan bien refleja Kerouac en este y en otros de sus libros. En resumen: imprescindible en cualquier biblioteca beat.



ASÍ QUE ME LLEVARON CARRETERA ABAJO, hasta la casa de la tía Gastonia, una casa vieja y abarrotada pues en ella vivían once personas, doce conmigo, desde el más bebé hasta el viejo y ciego abuelo Jelkey, que no salía nunca. No se parecía en nada a la casa del abuelo, con todas esas ventanas y su chimenea de ladrillo y el porche lleno de sillas y el suelo de madera todo lleno de cáscaras de sandía y de tierra. Nunca he visto tantas moscas en toda mi vida. No, no quería quedarme. Había árboles en el jardín, hasta un cerezo, pero también había seis, siete niños más chillando y jaleando por todas partes y los cerdos, los cerdos del abuelo eran mucho mejores, no pueden hacerse idea. Nunca había visto nada más tedioso. No, no quería quedarme allí, sin siquiera un sitio para dormir por la noche, excepto una cama compartida con tres o cuatro chicos más, imposible dormir con tanto codo en la cara.
   El abuelo Jelkey me... En fin, ese hombre me dio miedo. Dijo "traedme a ese chico". Me llevaron donde él estaba, me agarró fuerte por los brazos y trató de escudriñarme con su gran ojo amarillo, que no enfocaba del todo bien, por encima de mi cabeza, qué horror. El otro ojo hacía ya tiempo que no estaba en su sitio, se le había hundido en la cabeza así que al viejo no le quedaban ojos para ver. Me apretaba fuerte, me hacía daño. Dijo: "Éste es el chico. Bien, no se le tocará más que una vez al día". La tía Gastonia corrió a liberarme de él. "¿Por qué quieres maldecir al chico? ?No te basta con habernos maldecido siete veces a todos los demás en esta santa casa? No es culpa suya que su padre te estropeara los ojos, no es más que un niño". El abuelo Jelkey guardó silencio un momento. "Quiero tocarlo siete veces antes de morir, ni tú ni nadie me lo va a impedir". La tía Gastonia no dijo nada y el tío Sim, que era su marido, nos llevó afuera a ella y a mí, y corrí a esconderme en el jardín, temeroso de que el abuelo Jelkey saliera y me atrapara de nuevo. No, ceño, no me gustaba la casa de la tía Gastonia, en absoluto.


Jack Kerouac. Pic. Ediciones Escalera, octubre de 2010. De la traducción: Daniel Ortiz Peñate. De la imagen de portada: Daniel Orviz.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.