Dibujo de COVADONGA LÓPEZ CANALES

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

sábado, 11 de enero de 2014

GB, 23: Poesía Beat (y 2): Un poema de John Wieners y otro de Diane di Prima:


MI MADRE

hablando a hombres desconocidos en el metro
no me ve cuando sube
                                  en la calle washington
me escondo en un rincón de al lado

y la observo preocupada
los pocos años que le quedan
hasta la estación sur

me inclino sobre ella y le digo
te he estado mirando desde que subiste
dice con voz
                   artificial oh por Dios
como si a dios le importara

mas la quiero en el subterráneo
con su abrigo gris y su pelo
allí sentada un hombre más allá de mí
hablando los dos entre los barrotes
                                                      de una jaula


John Wieners





NECROFILIA

la viga principal, cucaracha, camina
sobre delgadas piernas
cojea un poco; el sudor del sueño convierte en ácidos
mi pijama; la sábana se mueve
con tu aliento

la luz motea
el techo, mina las
paredes; (coches pasan); la niña
se mueve, pero no grita;
el viento sube por la escalera de escape y hace temblar la
           ventana
                      las rodillas
                      suben
                      y
                      bajan

en esta nueva york, celda en monástica
celda, duermen, dormimos; los sueños
se desbordan del cabello de la mujer;
la cucaracha de la viga
camina
hacia la cocina;
el hielo araña las ventanas, el viento
abre la puerta
cuántas noches me tumbaré a tu lado
llevando pijamas; utilizando almohada
individual


Diane di Prima


Varios Autores. Poesía Beat. Visor Libros, 1977. Selección e introducción de Margaret Randall. Traducción y notas de Jerónimo-Pablo González Martín.


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