Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

martes, 14 de enero de 2014

Edward Abbey: El vaquero indomable:

El vaquero indomable, del escritor estadounidense Edward Abbey, es una de las novelas que más he disfrutado y que más me ha emocionado en las últimas semanas. El protagonista, Jack Burns, es una de esas personas tan libres que ni siquiera posee ningún documento de identidad. Como él mismo dice: Yo sé quien soy. Y él es un tipo que odia las alambradas, que detesta las guerras, que lo detesta todo salvo la amistad, la libertad y a su yegua. Un anarquista. Un hombre de un tiempo que hemos consentido en dejar atrás. El caso es que Jack Burns se hace meter en la cárcel para liberar a un amigo suyo encarcelado por un período de dos años por objección de conciencia. A partir de ahí se sucede una historia que podría resumirse así: la caza del hombre. La de él. 

Antes de dejarte con un pasaje, te diré que esta novela emocionó tanto al actor Kirk Douglas que este compró los derechos y la llevó al cine bajo el título de Los valientes andan solos, y según él mismo confiesa de sus sesenta y pico películas esta es de la que más satisfecho se encuentra. De hecho, Kirk Douglas está sensacional, lo mismo que Gena Rowlands y Walter Matthau, en el papel de shérif que le persigue, aunque empatiza bastante con él, bastante más que con alguno de los que le ayudan en la persecución. La película la conseguí, no sin dificultad, hace tiempo en DVD. Verás la cubierta por aquí.




(...) -No creo que el mundo vaya a mejorar como crees tú que va a empeorar. Veo que la libertad está siendo ahorcada como un perro en cualquier sitio al que miro, veo que mi propio país está llenándose de fealdad y mediocridad y se masifica, la tierra se asfixia bajo los aviones y las superautopistas, la riqueza de un millón de años aplastada por bombas atómicas y coches de lata y estudios de televisión y por plumas que ahora tienen punta de bolígrafo. Un paisaje lamentable, sin duda: no puedo culparte por no querer tomar parte de ello. Pero yo no estoy listo para dejarlo, a pesar de todo su horror (...) Resulta más conveniente para mí aguantar durante un tiempo, intentar llevando una vida honesta tratando de meter un poco de filosofía en las cabezas de ingenieros, farmacéuticos, futuros políticos. No creas ni por un momento que me veo a mí mismo como una especie de héroe anarquista. No pretendo luchar contra la Autoridad, al menos no abiertamente. Puedo hacer un poco de expedicionario subterráneo. Cuando ellos nos dicen que nos pongamos firmes y saludemos yo cruzaré los dedos de mi mano izquierda (...) Cuando me pregunten si soy ahora o he sido un Intocable, les diré que sólo soy un simple y viejo anarquista jeffersoniano acomodadizo. De esa forma yo podré salir del paso durante una década o así, quizás tiempo suficiente para retirarme con media paga, excavar en las viejas acequias y plantar pepinos y máiz. ¿Te parece razonable?
- Suena bastante bien -dijo Burns, sonriendo-, si no fuera porque no me creo una sola palabra.


Edward Abbey. El vaquero indomable. Editorial Berenice, mayo 2013. Traducción de Juan Bonilla.







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