Dibujo de COVADONGA LÓPEZ CANALES

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

viernes, 27 de diciembre de 2013

Luis Miguel Rabanal: A la que falta (y 2):

EPISODIOS DE DEBILIDAD

La única certidumbre se oculta
en el costado, el terror nos muestra
sus encías para sumirnos
en la tristeza y esclarecer
el ensueño.

Con curiosidad observabas la luz.
Dos hombres se abrazaron
y no les siguió paz alguna.
Vives para no cansar a la vida.

A fuerza de apuntarlo
estalla en tu cuerpo la superficie
convulsa. Y gimes conmigo
a través de esas flores rosas
en las que nadie repara.

Duele estar aquí sin que tú
te estremezcas.
A fuerza de apuntarlo
creo en el dolor que has sufrido,
creo en las frases que mienten
sin querer hacer daño.

O destrozo las notas
amontonadas sobre la ficticia
mesilla de noche.
La única certidumbre se apiada
de ti y atraviesa tus piernas
con alambres de espino.




HEMOS VISTO AL SEÑOR

A solas con quien urge acordarse,
sedienta de horas que ceñir
con ternura, la blusa planchada
de ayer y el cuerpo que ha sabido
de pecados superfluos.

Al estar junto a mí no escasean
detalles que suelen ser fieles.
No recuerdo castigos, si me tocas
el cuello y me hablas despacio,
no recuerdo las lágrimas que traigo
sin recompensa ninguna, me 
acerco a ti como el hijo invisible
que no es de verdad.

La muerte agridulce se demora
en venir cuando más la queremos,
la muerte sopesada y cansina.

Nadie ha sonreído.
Lo sensato era golpear el corazón
y volver a derretir el hielo que surge
como larva en apuros, toma
mis manos y deja de enredar,
le dice. Nadie más ha gritado.



Luis Miguel Rabanal. A la que falta. Editorial Origami, julio 2013. Prólogo de Ana Martín Puigpelat. Fotografía portada: Julia D. Velázquez.

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