Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Luis García Gil: Las gafas de Allen:

Las gafas de Allen es el tercer poemario, tras La pared íntima y Al cerrar los ojos, de Luis García Gil (Cádiz, 1974). Te dejo con dos de sus poemas:

[Me dijeron que yo era un fingidor]

Me dijeron que yo era un fingidor,
que mi mundo no era el que yo representaba,
que ignoraba la bohemia y abrazaba
el contorno de las fiestas, la luz
de las muchachas virginales,
el fatuo decorado de la fama.

Me reprocharon vivir en aquel ático
y quisieron golpearme con sus críticas.
Yo no les hice caso. Seguí mirando
el tiempo y su agonía hasta que volvía
a encontrar ese camino que termina
conduciendo hacia otra historia.

Jamás mentí. El cine fue mi vida.
Pero ellos me odiaban, no podían aceptarme,
requerían la verdad a cada instante,
la confesión perpetua del artista,
la mirada deslizada sobre el mundo.

En la niebla impredecible de los días
una luna cansada se refleja.
Mirando esta luna y su naufragio
suelo preguntarme. ¿Quién fui?
No lo sé, jamás lo supe. Pero sí puedo
decir que jamás traicioné mis principios.




BOCA CERRADA

En mi boca cerrada habita el miedo
a morir. Soy como la gaviota fugitiva
que salva la llamada impetuosa del mar,
y al pájaro disecado daría mis alas,
si con ellas pudiera devolverlo
al clamor de la vida, al vuelo juvenil,
a las auroras infantiles y a los trinos.
En mi boca cerrada duermen mis paseos
por el cementerio judío, por las vidas
ajenas que dejaron de ser, por los nombres
que enaltecieron las tardes, que amaron
y rezaron a un dios que quizá les dio la espalda.
En mi boca cerrada están los muertos
que no olvido, aquella actriz que amé
y perdí en una misma tarde que hoy maldigo.
En mi boca cerrada guardo un lirio
que besará mi tumba y un libro cerrado
con un poema marcado y la fiebre
de un vals vienés con el que alguien
apaciguará mi último viaje en esta vida.



Luis García Gil. Las gafas de Allen. Editorial Origami, septiembre, 2013. Prólogo de Patxi Andión. Ilustración portada: Julia D. Velázquez.


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