Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

viernes, 6 de diciembre de 2013

Ana Pérez Cañamares: Las sumas y los restos (y 4):

[SÁBADOS DE MI INFANCIA]

Sábados de mi infancia:
mamá por el pasillo transportando
peroles de agua caliente
mamá tras el vapor
como una bruja de cuento
que fuera a cocinarme.

Mamá llenaba la bañera
cacerola a cacerola
porque el agua caliente
que el grifo escupía
era una burla en su cara.

Y por las noches, segunda parte:
sábanas limpias, planchadas
con olor a suavizante de rosas
el tacto de aquellas sábanas
sobre mi piel bruñida:
como si hubiera muerto
y se confirmaran los rumores:
las nubes son de algodón.

Nunca tan limpia después
nunca más una princesa secuestrada
nunca más la seguridad
de que las brujas eran buenas
y siempre estarían de mi lado.




[TIENEN HAMBRE y FRÍO TUS MENTIRAS]

Tienen hambre y frío tus mentiras,
padre, como niños de posguerra.
Espías y héroes con sus disfraces
cruzan decorados de cartón;
y tú no sabes, no quieres saber
que yo no necesito para quererte
a tus espectros de función escolar.

Si tus fantasías disolventes
no borraran el pasado
si tus tragicomedias
no deshicieran el camino
que ya hemos recorrido

si no dejaran tus mentiras
este insoportable olor a lejía
esta pulcritud de álbum vacío
si me dejaran recordar
que alguna verdad has tenido que darme
alguna verdad que me guiara hasta aquí.

Y sin embargo sé que sin salvarte
yo peso más, me hundo y me voy al fondo
de nuestra historia. Tengo que salvarte,
padre, recordar lo que otros te hicieron
cuando eras niño, el largo camino enlodado
hasta el colegio, la casa sin ventanas
en la que tu madre murió licuándose entre tus dedos
los cadáveres que te atravesaron la nuca con sus miradas
cuando eras niño, padre, cuando eras niño.

Tengo que recordar que tus mentiras de ahora
son los sueños de otra época, que vuelven a pedir cuentas
como bebés abandonados a la puerta de una iglesia.


Ana Pérez Cañamares. Las sumas y los restos. V Premio de Poesía Blas de Otero Villa de Bilbao 2012. Devenir, octubre 2013. 


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