Dibujo de COVADONGA LÓPEZ CANALES

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

sábado, 23 de noviembre de 2013

Ray Bradbury: Vivo en lo invisible (y 2):



HUBO UN TIEMPO EN QUE LOS AÑOS ERAN NUMEROSOS
Y LOS FUNERALES ESCASOS

Hubo un tiempo en que los años eran numerosos y los funerales escasos.
Hubo un tiempo en que las horas eran años, mientras que hoy,
los años son horas.
De repente los días se han llenado de flores:
la tierra del jardín está sembrada de hoyos recién cavados
donde depositamos a nuestros más queridos y especiales amigos
y mascotas: nomeolvides perdidos en el viento.
De repente los obituarios se desbordan,
el vino de trébol que anuncian se amarga en los vertederos:
nuestros amigos abandonados procedentes de un gran año cuando
el más grande de los pecados era el más pequeño de los vicios.
El viejo arroz de las bodas ensucia el prado otoñal,
tan pronto como llegó partió en busca de los huevos de Pascua
con un eco de hijas a la fuga. ¡Qué alegre su histeria!
En la noche, un ramo de glicinas cae al césped como una corona fúnebre.
Nuestros viejos gatos maúllan
debajo de la tierra para que les permitamos entrar en casa.
Pero no lo haremos.
Dejamos que el viento los acaricie y arrulle.
Miro hacia la calle, hacia lo más profundo,
y veo cómo pasa en bicicleta el joven animal
que soñó que era yo, y acto seguido, se dispuso a serlo.
Es una noche llena de fantasmas, pero en realidad, ahora todas lo son.
Hay un largo camino hasta el amanecer.
Tengo miedo de salir a caminar por ese césped, aunque no tiene 
desperfectos y es verde,
carece de agujeros o de flores,
y en él los pájaros de la mañana beben el dulce rocío,
por donde un caminante podría hundirse y perderse de vista
durante mucho tiempo
como cuando los años eran numerosos
y los funerales escasos.


Ray Bradbury. Vivo en lo invisible. Nuevos poemas escogidos. Editorial Salto de Página, 2013. De la traducción y el prólogo: Ariadna G. García y Ruth Guajardo González.

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