Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

lunes, 18 de noviembre de 2013

GB, 7: Diane di Prima: Memorias de una beatnik:

Estas memorias de Diane di Prima son, al margen de unos pocos párrafos muy buenos sobre ciertos aspectos de la vida cotidiana de Di Prima y sus colegas, una sucesión casi interminable de polvos descritos con todo lujo de detalles. Para que te hagas una idea, te copio parte del polvo con Kerouac:



   Pero Jack era heterosexual, y al encontrarse en la cama con cinco maricas y conmigo, quería un coño, así que decidió conseguirlo. Comenzó a convencerme de que me quitara el tampax olisqueando y besándome el cuello y los senos con su hermosa cabeza. Mientras tanto, todos los demás me instaban a que participara en el juego. Allen inició un largo discurso sobre el placer que daba hacerlo durante la menstruación: lubricación extra, la excitación debida al cambio de hormonas, cuando los animales están calientes sangran un poco, etc. Finalmente, para alegría de todos, me quité aquel talismán sangriento y lo lancé al otro lado de la habitación.
   (…) Jack se puso encima de mí con galantería para demostrarme que no le importaba que hubiera un poco de sangre. Se acurrucó contra mí y me abrazó, frenético; era un tío grande, así que me venció y me quedé con las piernas abiertas y los ojos cerrados mientras él resoplaba y brincaba como el dios Pan. Al cerrar los ojos fui una vez más consciente del cálido océano de piel que me rodeaba y pude distinguir los diferentes sonidos amorosos y la respiración de todos aquellos seres.
   Finalmente, nos deshicimos de las sábanas. Jack dio un fuerte grito, se incorporó y las tiró todas al suelo, después se dejó ir con fuerza sobre mí y me penetró inmediatamente. Mi momentánea sorpresa se tornó placer, y me escurrí hasta su polla, y me la metí entera. Me sentía bien y llena. La notaba en el cuello del útero y sentí un estremecimiento diferente, un placer que me nacía en la ingle y se extendía hasta el borde de mi piel, erizando todos y cada uno de los pelos de mi cuerpo. Fuimos cambiando de posición para encontrar la mejor. Follamos mucho rato de lado. Después Jack la sacó y se echó boca arriba.


Diane di Prima. Memorias de una beatnik. Muchnik Editores, 1999. De la traducción: Luis Rubio Paredes. Cubierta: Cè´-lula.


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